Oslo

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Oslo: Error de Guaidó. Cómo corregirlo.

Felipe Pérez Martí Caracas, 30 de Mayo de 2019.

1. Introducción

El tema del diálogo, o negociación, en Oslo, ha causado una división bastante grande en las filas opositoras, mientras que ha producido unanimidad y entusiasmo en el desgobierno.

Aquí analizo si fue una buena jugada o un error para nosotros (y un error o éxito para el desgobierno). Se ha dicho que lo racional, lo “político”, es hacerlo. Es cierto que se debe negociar racional y políticamente. Aquí muestro que se ha hecho de manera aparentemente irracional y se ha caído, de hecho, en la traición de los intereses del pueblo venezolano.

Se esgrime como argumento a favor, que si se hace con expertos en negociación, se va bien. Y si se hace en un país experto en esto, como Noruega, pues se va bien también. A las dos cosas respondo que incluso con los mejores expertos, y con un país experto y neutral, la forma en que se hizo fue errónea. Y propongo una manera de corregir sustancialmente las cosas.

Para eso, voy a hablar de los fundamentos básicos de la teoría de la negociación. Creo que ustedes van a quedar contentos con las conclusiones y de acuerdo en que esta es una teoría sólida, básicamente inexpugnable. Algunos pudieran decir que solo es teoría. Pero en temas de gerencia, además de en ciencia y disciplinas aplicadas, como debería ser la política, se sabe que no hay nada más práctico que una buena teoría. Y si la teoría no sirve para explicar la realidad, no sirve, simplemente.

La propuesta es que se usen criterios gerenciales en la política venezolana, sobre todo en estos momentos tan necesarios, ya que la productividad de hacerlo marca una diferencia del cielo a la tierra. En primer lugar, al identificar los problemas principales, que tienen que ver con conflictos de intereses en las filas opositoras, algunos de los cuales están alineados y actúan como agentes de nuestros verdaderos enemigos: los caza-renta (los corruptos, en realidad, como veremos). Luego, nos muestra cómo resolver esos problemas desde el punto de vista del interés del resto de los venezolanos, los que están contra la corrupción, del color que sea.

2. La teoría básica, la evidencia empírica, los bate-quebrados y la intuición popular.

Profundicemos en este punto de cuál es el enfoque correcto para el tema en cuestión de este artículo. Una negociación como esta es básicamente una subasta bilateral con información asimétrica. Ese es el modelo básico que sirve para ver correctamente el tema. De hecho, prácticamente todos somos expertos en eso, si lo vemos con cuidado, pues ese modelo teórico no es más que la formalización rigurosa del conocido “regateo”. Una verdulera del mercado de Guaicaipuro en Caracas, que no tenga ni primer grado de estudios, sabe más de esto, al parecer, que los “expertos” del Frente Amplio, asesorados por Harvard, como veremos.

De hecho, debo precisar y decir que no es que son más expertos los que no han estudiado, al hablar del simple regateo: seremos expertos, en el sentido útil de la palabra, dependiendo de si no estamos sesgados, directa o indirectamente, por el enfoque del enemigo o el contrincante en la negociación, a quien le interesa que veamos el asunto desde su punto de vista y como agentes de sus intereses. Si tenemos el enfoque de los caza-renta, seremos no solo ignorantes, sino dañinos, desde el punto de vista de la gran mayoría de los venezolanos. En realidad, pues, no es cuestión de experticia, sino más que todo de intereses en juego. Y aquí muestro que nos pretenden vender la experticia como justificación de los intereses contrarios a nosotros. Mosca.

De hecho, sobre esto, se ha dicho que expertos de Harvard aconsejan el diálogo en Oslo, como aconsejaban el de Dominicana, pues, según eso, hay toda una teoría al respecto que, si se aplica, nos conviene. Les respondo, de acuerdo a lo que estamos diciendo, que ese argumento de autoridad es falaz. Personalmente me gradué en Chicago, en la Escuela de Economía. Y demostraré aquí que están pelados al aconsejar esos diálogos. Pero no porque mi universidad sea mejor que la de ellos. Sino porque la teoría formal al respecto es estándar en estos días y realmente refleja la intuición popular, que no se ha pelado. Y, aunque fue hecha en las mejores universidades del mundo, como las mencionadas, es algo que se enseña en teoría básica del conflicto y la negociación a partir del nivel de maestrías de economía y negocios en todo el mundo (La enseñé en mi curso de Teoría de juegos en el IESA, por ejemplo, aunque al parecer ahora no lo cubren). Está en libros de texto de cierto nivel de Teoría de Juegos.

Explicaré que no es solo un asunto de teoría ni de intuición, sino de conocimiento del terreno, y, sobre todo, de intereses en juego. Esta teoría básica sirve para desenmascararlos. Dado que la teoría rigurosa refleja la intuición popular, lo determinante es el conocimiento del terreno de juego y el punto de vista que usemos, los intereses que reflejemos. Es de hacer notar, y lamentable, que la mayoría de los “expertos”, nacionales e internacionales, se han decantado por el punto de vista del enemigo, sea porque estén comprados o sea porque estén equivocados.

Para interpretar el porqué de esto, lo que hará la diferencia es el conocimiento del mapa de conflicto. En Venezuela ese mapa es muy distinto que en el resto del planeta: la guerra no es entre el desgobierno y la oposición. Ni siquiera entre socialismo y capitalismo o entre chavismo y no-chavismo. Sino entre los corruptos y el resto de los venezolanos. Entre los caza-renta, y nosotros, que debemos unirnos todos, independientemente de la ideología, en defensa de nuestros intereses en este conflicto.

Sobre esto del sesgo de los “expertos”, y para calentar motores, si tienen tiempo, es bueno que lean este artículo en que califico de bate-quebrados (para no hablar de vendidos al equipo de béisbol enemigo), a varios analistas famosos:

https://www.lapatilla.com/2019/05/14/felipe-perez-marti-mapa-de-conflicto-correcto-y-estrategia-del-coraje/


https://www.aporrea.org/oposicion/a278743.html


En esto hemos aprendido que los batequebrados están no solo aquí, sino también internacionalmente. Por ejemplo, los análisis de fondos de inversión como Barklays, Torino, Eurasia Group, de Caracas Chronicles, y otras entidades con equipos de analistas bien pagados, adolecen del mismo problema: no tienen claro el mapa de conflicto, o representan intereses enemigos. Finalmente, varios artículos que hemos visto en el New York Times, y el Washington Post, son basura: nada que ver con lo nuestro y con nuestras posibilidades, ya que piensan más en oponerse a Trump que analizar con objetividad la realidad venezolana.

3. Teoría básica del regateo.

Si dos jugadores están negociando algo, hay dos elementos que la teoría ha identificado como claves, o determinantes: uno el “precio de reserva”. El otro, la “distribución de probabilidad” que tiene cada jugador, sobre el precio de reserva del jugador contrario. Para que entendamos el formalismo, imaginemos que vas a comprar aguacates a un mercado, y estos no tienen marcado el precio de venta. (Supongamos que hay un solo vendedor y un solo comprador, lo cual se asemeja bastante al tema de Oslo, por lo que lo mantendremos por lo menos al principio). No sabes a cómo lo quiere vender la verdulera. Ni ella sabe a qué precio lo querrías comprar tú. Por eso es que se habla de “información asimétrica”. La máxima información que pueden tener los regateadores es una creencia sobre qué precio está dispuesto el otro a comprar o a vender. Estas son las “distribuciones de probabilidad” sobre ese precio.

El precio de reserva del comprador es el máximo precio que está dispuesto a pagar por el aguacate, si se lo ofrecen. El de la verdulera es el mínimo al que ella lo vendería si estás dispuesto a pagarlo. Sin entrar en muchos detalles, es claro que, para que pueda haber un resultado exitoso y haya intercambio, el precio de reserva del comprador, el tuyo, debe estar por encima del precio de reserva de la vendedora. Solo así pueden ganar los dos en este proceso. Si no, no hay negociación posible, y no la habrá.

Lo que pasa es que el resultado no es inmediato porque ustedes dos no tienen idea del precio de reserva del “jugador contrario”. Supongamos que el precio de reserva tuyo es de 20 mil el kilo. Y el de la vendedora es de 14 mil.

Las distribuciones de probabilidad son las creencias mencionadas. Dependen mucho de las “señales” que mande cada jugador, pues eso le permite al contrario hacerse una idea del asunto. Por ejemplo, no es lo mismo si llegas bien vestido al mercado, que si llegas con ropa de pobre. No es lo mismo si tienes pinta de turista, con dólares en el bolsillo, que si llegas como una ama de casa con una expresión de preocupación en su cara de cómo llevar la comida a la mesa de sus hijos, para quienes un aguacate es un gran lujo en estos días de genocidio Madurista-Díazcanelista. No es lo mismo que vayas a comprar el aguacate en el mercado de Guaicaipuro, que si lo compras en el mercado de Chacao (donde son más caros, por el tipo de clientela que frecuenta el lugar), o a un camionero gocho de los que vienen a Caracas desde La Grita o Mérida.

De hecho, las percepciones pueden convertirse en una variable controlada por los jugadores, por lo mencionado antes: si eres un turista, y te interesa mucho el producto, pero no tienes todo el dinero del mundo, es posible que envíes a un amigo local a comprarlo, por el tema de la apariencia.

Se puede demostrar que, en ciertas condiciones técnicas, si las distribuciones de probabilidad son “uniformes” en el ejemplo de precios de reserva de 14 y 20 mil, el único equilibrio de Nash es de 17 mil: se transan por la mitad de la diferencia entre los precios de reserva alto y bajo. Y los dos jugadores ganan lo mismo a partir de su precio de reserva: 3 mil. Y quedan contentos. Es un hecho, pues, que en situaciones normales de negociación, cada quien “tiene que ceder un poco”, y no aspirar al precio de reserva del contrario, o incluso más (menos para el comprador, más para el vendedor).

4. Aplicación de la teoría básica al proceso de Oslo.

Empecemos con algunas simplificaciones para la aplicación de la teoría a nuestro objeto de estudio práctico. Supongamos que la delegación de Guaidó tiene un “precio de reserva”, u objetivo irrenunciable, que implica que quiere que haya unas elecciones libres, con supervisión internacional, soltar presos políticos y ayuda humanitaria inmediata. La delegación de Maduro está dispuesta, en el límite, a que salga Maduro, y a todo lo demás que quiere la delegación de Guaidó. Como lo demás está en las dos delegaciones, concentremos la cosa en la salida de Maduro. La delegación del desgobierno está dispuesta a que salga, y la de Guaidó a que no salga (pues está segura que saldrá si hay elecciones libres, por las encuestas).

Notemos que estoy siendo fiel a los supuestos del modelo teórico: si el precio de reserva del contrario no fuera conveniente para los dos jugadores, no habría posibilidad de éxito en el regateo. En este caso, es más o menos acertado, pues lo dicho es lo mínimo que aceptaría la delegación de Guaidó, según ha trascendido. Lo mismo para la del desgobierno: es lo máximo que están dispuestos a ceder, pues implica que se quedan todos los demás: la cúpula militar corrupta, la judicial, los otros poderes, los diputados, gobernadores, alcaldes, el dominio cubano, chino, ruso, la guerrilla, el Hezbollah, los colectivos, la milicia: los caza-renta quedarían intactos, y tendrían otro títere, pues el poder no está en la presidencia, como sabemos nosotros quienes conocemos este tema del régimen caza-renta.

Si las creencias, expectativas, son las uniformes mencionadas (que otorgan la misma probabilidad a cada dígito en el universo de negociación), el equilibrio de Nash sería que sale la mitad de Maduro. La interpretación podría ser que se quedan la mitad de sus ministros en el nuevo gabinete, digamos, o lo más poderosos como el ministro de la defensa y el del interior, muchas empresas del estado, pero quedan en mayoría en el nuevo CNE: tres contra dos. O algo similar.

Como están las cosas en la opinión pública, básicamente todos los seguidores del Frente Amplio quedarían contentos con esta “solución”. Incluyendo al Vaticano, el grupo de contacto y el grupo de Lima. Pero los jugadores del coraje quedarían descontentos: Soy Venezuela, Trump, el Movimiento Libertadores, la mayoría de la gente en la calle y en las redes sociales.

5. El problema de las creencias, las expectativas.

Como vimos, las señales son cruciales en estos procesos de negociación. El desgobierno ya sabe que la delegación de Guaidó está compuesta por personas que creen en la cohabitación. Todas ellas. No es necesario detallar esto, pues es prácticamente conocimiento común lo que afirmo aquí. Como ir vestido de turista en nuestro ejemplo, y no de pobre: la verdulera va a ganar mucho en este caso.

Segundo, sabe que Leopoldo, en conjunto con el G4, estaba negociando con la cúpula militar y judicial, la salida de Maduro, pero que implicaba que todos los demás poderes se quedaban. Al único que excluían, al parecer, y eso solo posiblemente, era a Diosdado, por la reacción que tuvo luego, capturando sus propios rehenes para ser incluido en la negociación de salida con salvoconducto. Se mostró no solo el turista, sino que dijo que iba a pagar en dólares antes de que se acordara el precio de venta.

Tercero, que la delegación de Guaidó está aceptando un lugar para negociar en el que no reconocen a Guaidó como presidente, pero sí a Maduro. Es como si el turista, con dólares, va al mercado de Chacao a comprar el aguacate, en vez de ir al de Guaicaipuro, o al gocho camionero. Pierdes en realidad más por lo del mercado al que vas. Pues la verdulera sabe que, pudiendo ir a Guaicaipuro o al camionero, escogiste ir a Chacao. Es una información “idiosincrática” adicional del negociador contrario, que te hace perder más sin necesidad.

Por tanto, el precio de reserva era bastante bajo, de cara a nuestros intereses, y alto, de cara al de ellos. Podrían partir de un precio de reserva máximo de la salida de Maduro, y que todo lo demás quede igual. Desde nuestro punto de vista, esto sería un cambio gatopardiano, en que cambian las cosas, para que todo quede igual: queda el cartel de mafias en el poder, con una nueva cara democrática, y medidas económicas menos radicales, que no maten a los esclavos, nosotros. Si se parte de aquí, como hemos dicho, el resultado para nosotros no será nada halagador, porque el desgobierno sabría por todo esto que los de Guaidó están dispuestos a aceptar menos que en el ejemplo básico del apartado 4. Por tanto, lo más probable es que partan del supuesto de que habrá elecciones “libres”, como comentamos en ese escenario básico: el turista es tan “bonachón”, que la distribución de probabilidad revela su precio de reserva, que es aprovechado por el contrario al máximo. Por ello, la conclusión es que ni siquiera se produciría como resultado que Maduro saliera, en el equilibrio de Nash (porque, por ejemplo, van a dominar el CNE en la práctica, poniendo a algunos y comprando a los demás, en la elección en la que supuestamente sería derrotado).

Sin embargo, ¿son errores esos indicios en favor del contrario? Lo más probable es que sea una combinación entre improvisación programada y señales intencionales: se está indicando que la negociación es entre los caza-renta moderados, y los radicales, a través de sus agentes o representantes. Por lo elemental de la teoría básica del conflicto y la negociación: no es posible que no sepan esto, pues hasta la verdulera lo sabe. Entonces, como veremos, están estafando a los venezolanos.

6. El tema del precio de reserva: las alianzas y los intereses en juego.

Aunque hablamos de precios de reserva, no hablamos sobre de dónde provenían. En realidad esto es básico en una negociación. En el caso del aguacate, imagínense que como comprador eres un monopsonio (el único comprador en todo el mercado), y hay muchos vendedores. Si es así, la verdulera no podrá aspirar a vender el aguacate muy caro, pues te puedes negar a comprarlo ahí. Tendrá que bajar su precio de reserva, digamos de 14 a 4. Y tú podrás igualmente bajar tu precio de reserva, digamos de veinte a siete. Si el vendedor es, por otro lado, un monopolio, y hay muchos compradores, la cosa es al revés: la verdulera puede subir su precio de reserva, digamos de 14 a 24, y tú tendrás que subirlo también, de 20 a 30, digamos. Si los otros supuestos no cambian (sin complicar más las cosas, por motivos de exposición), en el caso del monopsonio el precio de equilibrio sería 7, y en el caso de monopolio sería 27.

Esto indica que el “poder de mercado” es determinante en la negociación. En el caso de la política, el poder político (fáctico, no electoral, pues este es un proceso en que deciden las fuerzas fácticas, no el número de votos de la población, como vemos, pues si fuera así, arrasaríamos con todo) determina el equilibrio al que se llega. Se puede hablar, más generalmente, de “poder de negociación”.

Si el gobierno de Guaidó tiene capacidad militar nacional e internacional para sacar a Maduro y la banda de los siete, su precio de reserva será alto: subirá de elecciones (cero miembros salen ahora; solo lo harán en elecciones), a otro precio mayor que será una combinación de exiliados (unos veinte), con apresados (10.000): todos se van o quedan presos, y el desgobierno perdería con eso el poder ejecutivo, el judicial, el electoral, la cúpula militar, fiscal, defensor, directiva Banco Central, todas las gobernaciones y alcaldías, empresas del estado, arco minero, guerrilla, colectivos, milicianos, y… diputados corruptos (elecciones de revocatorio para diputados y elección de nuevos).

Y el régimen podría tener como objetivo de reserva que se van pacíficamente unos cien si les dan salvoconducto: si les quitan las sanciones de EEUU, y les ofrecen un puente de plata para un país que los acoja. Se negociaría el monto del dinero que pueden llevarse también. Y que se queden, en una retirada táctica con la guerrilla, el Hezbollah, los colectivos, la militancia de base, etc. Pueden decir no controlan la guerrilla, etc, para dejar eso fuera de la negociación, pero es parte del objetivo de reserva. Esta parte lo aceptaría Guaidó, por el equilibrio de Nash que se prevé en este caso, pues sería una tarea pendiente para lo que viene. El equilibrio probablemente quedaría en unos sesenta exiliados con puente de plata, salir de todos los poderes, pero “justicia transicional” para unos 15.000, con 5.000 procesados por delitos de tortura, corrupción, etc. Sin tocar a la guerrilla, colectivos, etc, aunque desbandando la milicia y sacando a los cubanos. Probablemente respetando la deuda de chinos y rusos, con el mismo tratamiento de restructuración de deuda, como el resto de los acreedores.

El poder que tiene el régimen es el de hacer guerra si se pretende meterlos presos, o matarlos. Es el poder que tienen los delincuentes que han robado un banco, pero que están rodeados militarmente. Pero tienen rehenes, nosotros los venezolanos, en particular los presos políticos, que les duelen a los que tienen sitiados. Si estos últimos irrumpen para apresarlos y “hacer justicia”, entonces ellos podrán matar rehenes. Si Guaidó decide, con sus aliados, hacer una guerra para apresarlos o eliminarlos, ellos responderán con una guerra, como han indicado muy bien. Así es que hay que interpretar el apresamiento de diputados, la existencia de los colectivos, de los milicianos y otros, y no como señal de que se pueden quedar en el banco indefinidamente, pues están rodeados.

Se sabe que las fuerzas son muy desiguales, claro, y que una guerra la ganará la alianza libertadora. Pero habrá muertos en la contienda. Y quedará resentimiento. No solo duelen los muertos, sino que la transición se hace más difícil, por falta de gobernabilidad. Esto se ha visto en las transiciones exitosas y las fallidas. Se puede demostrar que el único equilibrio de Nash en una situación como esta, en la que hay fuerzas muy desiguales, y no hay efectos reputacionales, es el de la salida pacífica, con salvoconducto. El tema a definir, en la negociación respectiva, es cuántos delincuentes lo obtienen, y cuánto dinero se llevan. Por eso, sería previsible un equilibrio de Nash como el descrito. En el siguiente enlace se explica el juego más formalmente, aunque de manera simplificada (han cambiado los jugadores, como diré ahora):

https://www.lapatilla.com/site/2016/10/18/felipe-perez-marti-obediencia-constitucional/

https://www.aporrea.org/ideologia/a235750.html


7. ¿Qué determina el poder de negociación que realmente se esgrime? Mapa de conflicto y estrategia óptima.

Como hemos visto, hay dos extremos en el equilibrio o resultado logrado, dependiendo del poder de negociación que tengan los jugadores en conflicto. Como en el ejemplo de la compra de aguacates, dependiendo del poder de mercado, se llega a equilibrios de Nash muy diferentes, en un caso a favor tuyo, y en el otro, a favor de la verdulera. Alguien podría decir que Guaidó no ha logrado la fuerza militar interna y externa, aunque lo ha intentado, para lograr el mejor resultado, descrito en el apartado anterior. Pero ese es un análisis que no ve el problema principal que subyace en la política venezolana. El mapa de conflicto no es entre el desgobierno y la oposición. Sino entre el cartel de mafias caza-renta, y el resto de los venezolanos. Aquí lo describo:

https://www.lapatilla.com/2019/05/14/felipe-perez-marti-mapa-de-conflicto-correcto-y-estrategia-del-coraje/

https://www.aporrea.org/oposicion/a278743.html

Esto será clave para entender los dos extremos expuestos. Y lo que permite interpretar lo que ha venido ocurriendo y el proceso en Oslo, el tema de nuestro artículo. La existencia de un cartel de mafias caza-renta con negocios relacionados es innegable en Venezuela. Aquí lo comento, a propósito de la literatura especializada (página 17):

http://clubmacro.unimet.edu.ve/wp-content/uploads/2018/01/MM-vol.3-n.-1.pdf

Pero hay un conflicto interno entre los caza-renta y entre las mafias que lo componen. Aunque hay más complejidad en el cartel, o la oligarquía de mafias, podemos afirmar que hay dos grupos de mafias principales asociadas y confrontadas por la regencia del cartel: la radical, y la moderada. A veces no se comporta como cartel sino como oligarquía, en que compiten las mafias, sin un acuerdo. Cuando bajó el precio petrolero empezaron a arreciar los conflictos internos entre mafias de manera notable, y hasta pública por primera vez. La mafia regente en ese entonces, y todavía, era la radical. Siguió exprimiendo hasta el cansancio todo lo que pudo de los venezolanos, en vez de ajustar sus tasas de renta en todos sus negocios relacionados, sin siquiera preocuparse por las apariencias de dictadura delincuencial. Los cubanos, los militares, los traficantes de droga, se aferraron al poder como drogadictos, incluso si ponían en peligro la existencia misma de su propia familia, la cosa nostra, digamos, para poder seguir satisfaciendo su adicción. Por mucho tiempo no se vio tan claramente la verdadera cara de los que mueven los hilos en la política en Venezuela, como en este momento. Mataron las gallinas de los huevos de oro, y pusieron en peligro por primera vez realmente, incluyendo los tiempos de la cuarta república, como sabemos, su existencia misma como los titiriteros de la política y la economía de Venezuela.

Los “moderados” del cazarentismo entonces quisieron un cambio gatopardiano, de cara a nosotros, para evitar la muerte del cartel y su modelo. Un nuevo grupo, más “sensato” regentaría el cartel, pero el cartel seguiría existiendo. Fue el trabajo que trató de hacer la MUD, dominada por agentes de las mafias moderadas del caza-rentismo. Ofrecieron diálogo cuando en varias ocasiones se estuvo a punto de una ruptura democrática. En vez de jugar “coraje” en el juego de confrontación fáctica (que a estas alturas ya nadie niega, salvo algunos ilusos marginales, como Enrique Ochoa Antich, Eduardo Fernández o Claudio Fermín), han jugado “cohabitación”. Cuando lo óptimo, para la gran mayoría de los venezolanos, era jugar coraje, dada la fuerza relativa potencial que siempre hemos tenido y que solo necesitaba ser activada y coordinada. Esa estrategia de cohabitación (elecciones, diálogo) se jugó luego de la Consulta del 16J, que fue una jugada del coraje. El 20 de Mayo del 2018, se presentó Henry Falcón, un títere de los caza-renta moderados, a las elecciones, con un programa económico más “sensato”, que implicaba mejoras para la población, y disminución de la ganancia de los caza-renta, pero que permanecerían en el poder de esa manera. Lo mismo, cuando se pretendió que Guaidó no se juramentara (que fue una jugada del coraje). Igualmente cuando pretendieron cambio de ruta, a elecciones primero, en Dominicana. Y ahora, yendo a Oslo con el equipo y señales descritos en los apartados 4 y 5. En todos los conflictos internos de los cazarenta, ganó la facción radical. El tema ahora es que se quieren confrontar en la mesa de diálogo entre ellos, para por fin llegar a un acuerdo mutuamente conveniente, en que cada quien gane algo y ceda algo.

8. El tema del tiempo y la batalla focal.

Es conocido en teoría de juegos, que para confrontaciones fácticas como la presente, cuando la diferencia de fuerzas es notable, la salida es pacífica, por un lado, y rápida, por otro. Cuando las fuerzas relativas son similares, el conflicto se prolonga. Puede haber una guerra civil prolongada.

Una negociación, como la de Noruega, como se ha llevado, puede implicar un largo proceso, por lo mismo: aparentemente el juego está trancado, pues ninguna de las fuerzas le puede ganar a la otra en confrontación violenta, y hay que negociar una convivencia pacífica, que impida una guerra de desgaste de duración indefinida de los dos contrincantes, y que reparta el territorio.

Pero la negociación misma toma más tiempo en estos casos, que en casos de fuerzas muy desiguales, lógicamente, pues en este último, el ganador impone una salida rápida, y el perdedor se rinde para que no lo exterminen. El hecho de que no hayan llegado a un acuerdo en la primera sesión, porque aparentemente no hubo acuerdo, no significa que no sigan negociando. Como en regateo, puedes empezar ofreciendo 10 mil, con tu precio de reserva de 20 mil. Y la verdulera 30 mil, con el suyo de 14 mil. No habrá transacción, por lo dicho de la necesidad de ganancia de los dos. Y el precio ofrecido debe ser el mismo para el comprador que para el vendedor, por supuesto. Para que haya “equilibrio” o solución. El primer día, el desgobierno dijo que no estaba de acuerdo con la salida de Maduro. Pero eso no quiere decir que en realidad no estén de acuerdo con eso, como dijimos en el ejemplo.

Como se pusieron las cosas en Oslo, los contrincantes son más o menos similares. Si Guaidó no cuenta con fuerzas militares que aumenten su poder de negociación, solo puede ofrecer, con la venia de Estados Unidos, eliminar algunas sanciones. Esto significa que afinar los detalles de la decisión puede tomar mucho tiempo, mucho más que el que la gente de la calle está dispuesta a soportar sin morirse, literalmente hablando.

Otro tema importante es que, cuando se está en una guerra, hay escenarios de lucha focales. El hecho de que lo de Noruega haya concentrado toda la atención como centro de confrontación, es ya un triunfo para el desgobierno, como lo ha revelado ya sea con sus declaraciones o con su alegría manifiesta. Y además, por ubicar la lucha como una pugna entre caza-rentas, moderados y radicales, y no como un conflicto entre venezolanos y cartel de mafias caza-renta. Con este evento de Oslo, el centro del asunto principal queda opacado y silenciado, y se da a entender que este otro que se representa allí, es el verdadero mapa de conflicto. Y peor aún, si se llegara a un acuerdo, se vendería como el acuerdo entre todos los venezolanos. Lo cual, realmente sería una total estafa para nosotros, una traición que iría en contra de nuestros legítimos intereses. Lo que nos lleva al tema de la representatividad.

9. El problema de la representatividad de los negociadores.

Como vemos, puede haber diferencias de intereses entre quienes negocian por ti, y tú mismo. Por estos vaivenes, dada la pugnacidad presente en la oposición, entre la estrategia del coraje y las reacciones de los cohabitadores, fue que nos dimos cuenta la gran mayoría de los venezolanos, y algunos analistas, que ni la MUD, ni ahora el Frente Amplio, representan realmente a los venezolanos. Sino que tenían, y tienen, un conflicto entre sus componentes: unos representando a los venezolanos y otros, a los caza-renta moderados. Ahora, como no se puede juzgar por lo que no se ve, y sí por el desempeño, ha quedado claro que los cohabitadores han sido identificados por nosotros, y por el pueblo venezolano en general en su gran mayoría, como los agentes del caza-rentismo. La facción moderada en ese conflicto interno del que hablamos. Pues la correlación que se ha evidenciado entre cohabitación (variable observable) y corrupción (variable no siempre detectable) es cercana al 100%.

El Presidente Juan Guaidó, a pesar de que la gran mayoría lo apoyamos, no siempre nos representa con sus acciones. El nombramiento, por ejemplo de muchos embajadores, obedeció más al cuoteo entre los partidos del G4 del Frente Amplio, que al interés de los venezolanos. Ahí se colaron muchos, la mayoría, me dicen, de cohabitadores o agentes del caza-rentismo. Lo mismo pasó con el nombramiento del equipo de negociadores que fue a Oslo, todos ellos cohabitadores, representando, directa o indirectamente, a los caza-renta moderados, con las propuesta de los apartados 4 y 5. No con las propuesta del apartados 6 y 7, en que el equilibrio de Nash representa la estrategia correcta, y el interés de la gran mayoría de los venezolanos.

10. ¿Qué intereses explican la estrategia de la cohabitación en los opositores aliados con el caza-rentismo?

Si una coalición del coraje sacara de cuajo a los cohabitadores, las probabilidades de salir del sistema caza-renta son muy altas, como se sabe, por medio de un buen diseño institucional (en este caso Oslo sí que es un buen ejemplo pues el fondo petrolero tipo Noruega es una buena solución). Los agentes del caza-rentismo moderado perderían su modus operandi de corrupción “normal”, su “politics as usual”. Por el contrario, sin matar a los esclavos, el panorama cambiaría muy poco.

Con una política económica más moderada, como en la cuarta república (pero no radical, como la que pretendía CAP II, y por eso lo sacaron). Seguirían nombrando a un CNE complaciente que no esté de acuerdo con un revocatorio de diputados. Con elecciones de gobernadores y alcaldes que mantenga el estatus quo de la “política como siempre” que viene del financiamiento de los partidos y candidatos como siempre. Con los poderes corruptos que permitirían seguir con el país como hasta ahora y en la cuarta república. Con sus cuotas de embajadores, de magistrados, etc, etc. Con las fuentes de financiamiento tipo Odebrecht, etc. Por eso es óptimo para ellos el equilibrio de Nash de los apartados 4 y 5, en que cohabitan con el caza-rentismo. Es su modelo de país favorito, aunque Venezuela no se desarrolle económicamente, ni salga de las corruptelas de siempre.

Por supuesto que un cambio de este tipo, sería mucho peor que en la cuarta república. Porque partimos del subsuelo, en primer lugar, y porque el país estaría tomado por los caza-renta de una forma más sólida y generalizada, con procesos de desmembramiento territorial, con la guerrilla, los colectivos, los paramilitares, el Hezbollah, los carteles de droga en territorios, los pranatos y cobra-vacuna en general, además de la corrupción generalizada en los cuerpos armados.

11. ¿Qué hacer para corregir el curso?

El presidente Guaidó debe tomar conciencia de que no le conviene una alianza con los cohabitadores. Debe armar una nueva alianza, con los del coraje. Roosevelt y Churchill llegaron a una alianza con Stalin, un jugador del coraje contra Hitler en la segunda guerra. No se aliaron con Mussolini, un cohabitador con el nazi. Lo mismo aquí: si tenemos claro el mapa de conflicto, no debemos tener a los caza-renta, ni moderados, en el liderazgo opositor.

De hecho, sabemos por fuentes confiables, que no solo nosotros estamos enojados con esta dirigencia opositora guabinosa. Los Estados Unidos también. Y están a punto de colgar los guantes si no tomamos medidas. A continuación, están nuestras recomendaciones para una nueva alianza.

En audio, resumido:

https://www.youtube.com/watch?v=Y47rAoGqtjA&t=2s

En texto, más extenso y pormenorizado:

https://www.movimientolibertadores.com/doc/GPSresumenv13.pdf

Sobre los cohabitadores, a ellos hay que tratarlos como competidores, como contrincantes y no como aliados. Se formará con ellos un equilibrio de Nash entre contrincantes, tipo Stackelberg. Tendrán su espacio, como en los equilibrios de negociación descritos. Pero no serán líderes, sino seguidores, en materia de conducción del país, como bien lo establece esa teoría y la evidencia empírica. Tomará unos 15 a 20 años salir del caza-rentismo, pero se puede, como se dice en los documentos citados. Con un gobierno de transición adecuado, que garantice que el pueblo venezolano no sea engañado en cada elección, y pueda ir saliendo adelante progresiva pero firmemente, con un plan establecido al respecto.

12. ¿Estado Unidos estaría dispuesta a una acción militar?

Se ha argumentado, como lo ha dicho el mismo Vecchio, que EEUU no estaría dispuesta a intervenir en Venezuela. Eso es falso en principio, pues Trump es un gerente nato, y actuará de acuerdo a las oportunidades, beneficios, costos y riesgos. Y no tiene por qué soportar a esa dirigencia opositora guabinosa y dividida, casada en parte importante con el enemigo, ya que no garantiza una contrapartida adecuada en un equilibrio de coordinación, e implicaría que en el aucerdo previsto seguiría la guerrilla, el Hezbollah, los carteles de droga, el dominio de Rusia y China, etc.

Las ganancias para EEUU, y sus aliados regionales, serían inmensas con una Venezuela que salga del caza-rentismo, pues nuestro país es tierra virgen para la inversión mutuamente provechosa. Se minimizarían los problemas de terrorismo, guerrilla, tráfico de drogas, de armas, emigración indeseada en los vecinos y en general, entre otros, ya que Venezuela en este momento es un foco de perturbación continua para la región y el mundo. Esta intervención tendría un costo relativamente bajo, pues este régimen está implosionando desde todo punto de vista: económico, social, político. Ni su propia gente lo quiere. Una acción militar quirúrgica lo sacaría de cuajo, en combinación con los militares en rebelión, que tampoco van a actuar solos, sin una contrapartida adecuada en lo político y en lo internacional. La acción solo necesita neutralizar, pues esto es una culebra. Una vez que caiga, los seguidores no tendrán incentivos para defenderlo, como ha quedado muchas veces claro (recordemos el símbolo de lo que pasó con la fuerza armada y el pueblo durante el supuesto intento de magnicidio).

He explicado varias veces en otros artículos que un equilibrio de coordinación requiere que cada una de las partes juegue su parte. Guaidó debe querer, y pedir, que EEUU intervenga, y hacer su parte. Lo mismo los militares en rebelión que no quieren nada con el régimen, que son la gran mayoría, y tienen sus grupos de liderazgo.

La acción unilateral de uno de los jugadores llevaría a un fracaso del jugador en cuestión, ni los militares en rebelión, ni siquiera EEUU. Por eso no es de esperarse una jugada unilateral de los militares en rebelión, ellos necesitarían a EEUU como apoyo, la anuencia de Guaidó y el pueblo en la calle. Por otro lado, un fracaso en un gobierno de transición promovido por una acción militar estadounidense sería un fracaso para Trump y su gobierno, esto está muy claro. No nos extenderemos sobre eso aquí, ya que lo hemos explicado en los artículos y documentos citados, pero es obvio que con una contrapartida adecuada, esto es un mango bajito para Trump. Un éxito temprano de salida, y un éxito en la gestión de gobierno posterior a la salida, son un éxito doméstico, regional y geopolítico inmenso para ese gobierno, incluso de cara a las elecciones presidenciales venideras en ese país. Pero relacionarse con aliados cuestionables aquí, más bien puede manchar su gestión.

Todo eso se corrige con la nueva alianza planteada. María Corina Machado ha expresado su voluntad de participar, lo mismo que el Movimiento Libertadores, y la sociedad civil en la calle y en las redes sociales. Los militares en rebelión, ni se diga, pues están al borde tanto como los ciudadanos civiles. Pero Leopoldo López dice que prefiere “preservar la unidad” del Frente Amplio y Borges duda, poniéndose de lado de Leopoldo López en su decisión. Por todo lo establecido acá, debemos tratar de llegarle al presiente Guaidó para que recapacite, y establezca un liderazgo que le convenga a él y al país y dejar de lado el guabineo.


13. Comentarios finales y conclusión.

Robert Lucas, mi asesor de tesis, premio Nobel de economía, me dijo algo, sobre el conocimiento de la realidad, que es inmensamente cierto y relevante aquí. Aunque sencillo, es opuesto a lo que impera en el estatus quo de la visión sobre la realidad entre los analistas políticos “ilustrados” del mundo: “si te concentras en estudiar un tema de manera persistente e intensa, con un enfoque teórico-práctico, terminarás en algún momento siendo el mejor del mundo en eso”. Esto rompe muchos esquemas, claro, pues implica que hay millones de mejores expertos del mundo. Sencillamente porque los temas del conocimiento son millones, y la experticia relativa no es fácilmente comparable.

Sobre la realidad venezolana y los temas de las estrategias óptimas, nuestros análisis, según lo vemos, no solamente han sido mejores que la gran mayoría de los analistas nacionales más reputados, como dije en el artículo sobre los bate-quebrados, sino también que la mayoría de los analistas internacionales. Quizá, en parte, porque tuve el privilegio de conocer el monstruo por dentro, al haber sido funcionario de alto nivel en el gobierno de Chávez (2002 al 2003), y haber sido objeto de varios intentos para corromperme, tanto por parte funcionarios del alto gobierno, como de empresarios muy pudientes de la oposición. Es un monstruo de siete cabezas, con ramificaciones en la oposición, el gobierno de turno, el empresariado, la geopolítica.

Nuestro análisis coinciden, paradójicamente para algunos, con el de la gente de a pie, en la calle, en los barrios populares, y en las redes sociales con los guerreros del teclado, que también son “mejores del mundo” en la apreciación de lo que ocurre, tanto por su intuición teórica, como por su experiencia práctica del día a día con una intensidad de vida o muerte que activa al máximo sus neuronas, para entender lo que viven, y para sobrevivir y resolver lo que pueden. Pues son baquianos curtidos por esa experiencia vital, que les ha permitido descubrir el “territorio” real, el mapa de conflicto correcto: la contradicción es entre los corruptos y el resto de nosotros, no entre el desgobierno y la oposición. Se verifica, pues, por todo lo dicho, lo que dijo Jesús de Nazaret: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y lo poderosos, y se las has revelado a pobres y a los humildes” (Mateo 11:25). Esto debe animarnos a la sociedad civil independiente. Pues estamos en el camino correcto en materia de visión y de soluciones, incluyendo las alianzas correctas, sin complejo alguno de inferioridad.

Como hemos visto, pues, el conocimiento es poder para nosotros. Y el desconocimiento es poder para nuestros enemigos. Las creencias son determinantes también: la visión sobre la realidad determina la realidad, por la teoría de las profecías auto-cumplidas. No dejemos que los enfoques del enemigo, que imperan entre la mayoría de los análisis de “expertos”, nacionales e internacionales, por los medios oficiales, y a veces de la oposición, que están empeñados en ello, determinen nuestra manera de ver las cosas y nuestra realidad. Sigamos esa intuición que tenemos, como la verdulera, y profundicemos en ella. Ella sabe que la diferencia entre las opciones de solución del conflicto que tenemos, llevada a cabo con una alianza, la guabinosa, o con la otra, la del coraje, es absolutamente inmensa para nosotros. Así que lucharemos por nuestros intereses sin dejarnos engañar, pues solo la segunda alianza representa nuestros intereses. Y los representaría en una negociación para que salgan tanto Maduro como todo su régimen, no una para que se queden.

La salida descrita en los apartados 4 y 5 es del tipo nicaragüense. Pero mucho peor, pues no se irían del poder ni un instante los que tienen el poder, sino que cambiarían de títere, pues a ellos también les estorba si quieren seguir controlando. Les haríamos un favor, quitándoles un lastre incómodo, pero no tendríamos opción de aprovechar la situación para un cambio profundo, que realmente garantice un cambio de corto plazo también.

Juan Guaidó, jugador clave en todo esto, tiene una forma de corregir curso para evitar esa salida chucuta defendida por los cohabitadores y los caza-renta moderados, que están más fortalecidos en este momento. Y esto pasa por aprovechar el descalabro de la gestión de Maduro, y los inmensos cismas irreconciliables en las cúpulas del poder gubernamental. Hay que negociar, como hemos dicho, pero con el poder de negociación que da haber hecho la tarea, “construir capacidades”, como él dice: hay que activar las fuerzas potenciales, y coordinarlas. Eso se hace con aliados adecuados, los del coraje. No seguir con los de la cohabitación, que lo que hacen es restar fuerza, en vez de sumarla.

Leopoldo López debe dejar esa testarudez de seguir compitiendo por protagonismo con María Corina Machado. Hay que tragar grueso y llegar a la alianza con Stalin, si lo quiere ver así, así sea su enemigo en el futuro. Pero debemos derrotar en este momento al enemigo común: Maduro y su régimen. Con toda la fuerza que tenemos disponible y respondiendo adecuadamente a nuestros aliados internacionales como Trump, a los militares internos en rebelión, y a la ciudadanía, ansiosa de un liderazgo ganador. Todos estos actores se entusiasmarán con el nuevo liderazgo, y harán la parte que les corresponde en el correspondiente juego de coordinación, como decimos y demostramos en el borrador del nuevo pacto, como el Pacto de Punto Fijo corregido y actualizado.

La alianza de los del coraje impedirá las pugnas públicas sobre si invocar el artículo 187.11, y la división que lleva consigo. También, eliminará la desconfianza y molestia entre la población por la imposición de líderes corruptos y prácticas de cuoteo de repartición de cargos a personas sin capacitación y sin ética. Personas que muestran falta de amor por los venezolanos y no solo de moral y luces, un requisito imprescindible en el político de hoy y del futuro. Frenará también la caída en la popularidad de Guaidó, que es más que evidente por los descontentos citados entre la población y entre los aliados militares e internacionales del coraje, como líder opositor que puede aglutinar la lucha, y la transición.

Estamos a tiempo. "Errar es de humanos, perdonar es divino, rectificar es de sabios", como dijo Alexander Pope. En estos momentos de vida o muerte para millones de venezolanos, no rectificar el rumbo tiene consecuencias devastadoras para nuestro pueblo. Hacerlo no solo nos levantará, sino que salvará el prestigio de Juan Guaidó como quien supo cabal y acertadamente asumir su responsabilidad en la historia, no solo nacional, sino mundial.

Concluyo diciendo que estoy seguro que esto terminará bien ya que los incentivos están alineados en la dirección correcta. Los caza-renta, moderados y radicales, y sus agentes, aquí y allá, no podrán más que nosotros, que estamos totalmente activados con toda nuestra fuerza espiritual, intelectual y material. Así como Guaidó se juramentó, a pesar de las presiones de los cohabitadores, jugará coraje y se vendrá a la alianza del coraje, representando con eso la voluntad de los venezolanos, en esta, la etapa decisiva.

Cordialmente y pendientes,

Felipe Pérez Martí

Este artículo salió originalmente en estos dos medios:


https://www.lapatilla.com/2019/05/30/oslo-error-de-guaido-y-como-corregirlo-por-felipe-perez-marti-sabiens/


https://www.aporrea.org/oposicion/a279316.html