La Vía Solidaria

La vía solidaria

Autor: Felipe Pérez Martí

Introducción

Hemos sido testigos de estallidos y conmociones sociales últimamente en toda latinoamérica. Aquí planteo cómo resolver esos fenómenos y lograr gobernabilidad a través de un pacto social, implícito o explícito, basado en el mecanismo democrático, ejercido por una ciudadanía que no es objeto de manipulación mediática de ningún agente interesado en hacerlo, ni nacional, ni internacional, con discursos extremistas y fanáticos de "izquierda", o de "derecha". Nos basamos en razones fundamentales de la Economía, Economía Política y Teoría del Equilibrio General, en particular. Y de la Teoría de Juegos, Diseño de Mecanismos y Teoría de la Decisión Social. Finalmente, en la la espiritualidad universal, ecuménica. De todas estas disciplinas usaremos sus postulados teóricos y su evidencia empírica, en particular la histórica. Haciendo un esfuerzo por resumir en un artículo lo que debería estar en un extenso libro, necesario hoy por hoy. No soy experto en Ciencias Políticas ni Sociología, y sería adecuado buscar las teorías relacionadas, pues es muy posible que haya complementariedad en las materias tratadas aquí.

Haremos énfasis en la realidad venezolana, que está en el ojo del huracán de toda esta conmoción social y política, pero lo que diremos se extiende a toda latinoamérica y el mundo. Con este esfuerzo queremos sentar las bases de una acción política consciente de los ciudadanos del mundo, que deben ser los dueños y protagonistas de la Política, basados en la conciencia plena de sus intereses y de sus capacidades para para la acción transformadora y edificante en todo sentido, incluido el espiritual, y no objeto de manipulación mediática o de captura por factores de fuerza ajenos a sus intereses.

Para introducir la propuesta, nos preguntaremos que, si quisiéramos diseñar un modelo de sociedad, que incluya lo económico, lo político, lo social y lo espiritual, cuál sería la propuesta óptima? La Vía Solidaria responde a esta pregunta, y pretendemos que resuelve los problemas mencionados. Es una combinación de tres mecanismos básicos: mercado, estado, y altruismo. Hemos oído de “la tercera vía”, que combina mercado y estado. Pero a esa propuesta le falta el mecanismo principal, como diré, relacionado con el altruismo, pero también con la justicia social. La combinación de los mecanismos tiene su balance en cada contexto histórico concreto, pero depende bastante de las políticas públicas y de las tendencias evolutivas que resultan de las fuerzas económicas, tecnológicas, políticas y sociales presentes. Pero hay una clara tendencia de largo plazo que favorece el peso del mecanismo altruista en ese balance.

Como veremos, mercado no es sinónimo de capitalismo, ni estado de socialismo o comunismo. La vía solidaria entonces no es capitalista, ni socialista, ni comunista. Tampoco es de izquierda o derecha, pero explica y valora la justicia para todos, en particular para los más desvalidos por causas ajenas a su esfuerzo. Justicia basada en la democracia, un logro político de la evolución social que surge como mecanismo de resolución de conflictos naturales, políticos, económicos y éticos. Muestra y valora el mecanismo democrático a todos los niveles, empezando por el comunitario, incluyendo el familiar y el de vida monacal. Con las ventajas de la apropiación de la cosa (la res) pública de los ciudadanos a todos los niveles políticos, que implican un cambio de estructura que mejora la eficiencia social, en particular la gerencia pública a cada nivel geográfico. El mecanismo democrático que visualiza la vía solidaria garantiza, como veremos, un balance más o menos armónico entre los extremos de la anarquía rampante sin reglas, y el estado omnipotente.

La Vía Solidaria también valora, por otro lado, la existencia de organizaciones privadas altruistas que complementan el desempeño del mercado y del estado. Y deja clara, además, la gran importancia, de cara al futuro, del enriquecimiento permitido por del carácter deliberativo y de búsqueda de consensos y pactos sociales de la comunicación por la Internet, con su red de redes que incluyen la telefonía y el contacto personal y de medios tradicionales como la radio y la televisión. La facilidad de la comunicación permitida genera un cambio de paradigma que permite la producción y distribución solidaria de conocimiento libre, un bien público por naturaleza, en un proceso de mejora sustancial y exponencial de la eficiencia económica, social y política. Este proceso tiene grandes consecuencias culturales que incluyen el aprendizaje de la solidaridad, valor de supervivencia para los ciudadanos y las sociedades, en un proceso que convierte al mundo en el espacio común de convivencia de todos los ciudadanos terrestres en una suerte de gran familia humana, que busca la armonía consigo misma y con el entorno natural.

La mano invisible del mercado

Hemos sido testigos en Venezuela, con su "socialismo del Siglo XXI", así como en países "comunistas" y "socialistas" de un exceso de estado: demasiados controles, empleados públicos, expropiaciones y empresas públicas. El resultado está a nuestra vista: un desastre completo. Que ha ocurrido en todos los sitios donde se ha experimentado con ese desbalance en favor del estado que amarra la creatividad y la libertad individual, con el agravante en Venezuela de la maldición de la abundancia petrolera mal administrada.

Se nos ha dicho, como contraste, que el mercado, por sí solo, sería lo ideal. Y que contamos con un teorema que lo demuestra: el de la mano invisible, formulado hace más de doscientos años por Adam Smith. El teorema es cierto, de hecho, y fue probado matemáticamente en los años 50 del siglo pasado por Arrow y Debreu. Y dice que dada una asignación inicial de riqueza para cada quien, si cada quien, sea persona o empresa, toma toma sus decisiones de trabajo, producción y consumo guiado por un sistema de precios que se forma por la interacción de todos los participantes, la asignación final a la que se llega es eficiente. Esta eficiencia, llamada de Pareto, significa que es imposible cambiar los niveles productivos, los trabajos realizados por cada quien, y los bienes y servicios que al final cada quien disfruta, sin que se perjudique a alguien. Es como si se hubiera llegado a lo mejor posible para todos, dados los recursos disponibles en esa sociedad, y las habilidades de cada quien, tomando en cuenta los deseos, la libertad de escogencia, de los individuos en esa sociedad.

Si viene el estado a decir que hay que controlar los precios (que incluyen el tipo de cambio), expropiar empresas y emplear gente para producir, entonces quizá mejora alguien, pero a costa de perjudicar a alguien más. De hecho, con frecuencia desmejora todo el mundo (excepto quienes dirigen en ese momento el estado, claro), como han argumentado dos de los defensores notables de ese mecanismo, Hayek y Von Mises.

Sus fallas

Lo que pasa es que ese mecanismo tiene muchas fallas, como quedó más claro cuando se probó el teorema. Se trata de que los supuestos del teorema “fallan” en la realidad: no ocurren. Y por tanto la conclusión sobre su eficiencia no se sigue en la práctica. Entre ellas están la falla de poder de mercado (los precios pueden ser alterados hasta cierto punto por los monopolios y oligopolios, y por tanto no hay “competencia perfecta” como requiere el teorema); la de información asimétrica (algunos individuos saben más de los precios y los productos que otros, como los mecánicos de los carros, los médicos de los pacientes, los trabajadores del esfuerzo que hacen); la de mercados incompletos (no todo bien tiene un mercado, en particular los bienes futuros, en cada contingencia posible); la de bienes públicos por naturaleza (como el conocimiento, la defensa, como opuestos a una guayaba, por ejemplo, un bien privado que al ser consumido desaparece); la de las externalidades (como la contaminación ambiental); la de racionalidad acotada e información incompleta (no todos los individuos ven todos los precios, incluidos los futuros en la incertidumbre, al tomar las decisiones, que no son siempre lógicas); y la de equilibrios múltiples (que dependen de las creencias, las expectativas de la gente, por ejemplo, por lo que debe coordinarse a través de un liderazgo). Para resolver cada una de estas fallas, se ha desarrollado toda una vasta literatura en Economía. Los monopolios, por ejemplo, deben ser regulados, muchas veces a través de control de precios (solo los monopolios, no la generalidad de las industrias, como en Venezuela!); algunos bienes públicos por naturaleza, como la defensa, son producidos por el estado y no por el mercado, etc.

Ya desde antes de la demostración del teorema, con sus supuestos irreales, se habían notado fallas del mercado, y se habían propuesto soluciones, como las de Keynes, que proponía políticas fiscales y monetarias activas para solucionar fallas de coordinación (necesidad de planificación y acción desde el estado en estas materias para evitar ineficiencias solucionables). Pero fue la identificación de las fallas la que dio pie a una abundante literatura especializada que se propuso documentarlas, y proponer las correcciones respectivas, que garantizaban “equilibrios segundo mejores” en materia de eficiencia, que son las asignaciones de recursos sociales que no son Pareto óptimas, pero son lo mejor posible, garantizadas con la intervención del estado mediante "políticas públicas" (medidas fiscales, financieras, de desarrollo, etc) en cada una de esas áreas. Podríamos llamar, de manera gruesa, a la intervención del estado en este sentido, “la tercera vía”.

Aunque todas las mencionadas son fallas inmensas, hay una que es muy especial: la falla política. Las asignaciones iniciales de riqueza, aún si todo lo demás funciona, están sujetas a la voluntad política que se imponga en esa sociedad. Con frecuencia se acepta la intervención del estado pero solo para corregir esta falla del mercado. El estado así interviene a través de las leyes de propiedad privada, de la policía, y de un sistema judicial que garantiza su implementación, que impiden su expropiación privada (los robos) y minimizan la pública (que con frecuencia también son robos, como sabemos, aunque también significan una mejora social por la construcción de autopistas, aeropuertos, necesarios para todos). Sin embargo, si se acepta que el estado, adicionalmente, tome las decisiones de manera democrática (un voto por persona, que implica igualdad política), lo que se observa como consecuencia es que se dan redistribuciones de riqueza que tienden a su igualación, sobre todo si la distribución de la riqueza es muy desigual. La igualdad de un voto por persona tiende a garantizar de esa manera, por la vía política, aunque no la logre del todo, ni mucho menos, a la igualdad económica. Y esa evidencia empírica, documentada por la común práctica de los impuestos progresivos, ha sido modelada mediante un teorema que así lo predice, siempre y cuando no haya distorsión mediática de los intereses reales de los ciudadanos, el teorema del votante mediano.

Revolución política con mercado

Curiosamente, Arrow y Debreu también probaron el “segundo teorema del bienestar”, que dice que, si una asignación de recursos es Pareto-óptima, y se dan las condiciones del teorema de la mano invisible, entonces, con una redistribución de la propiedad inicial, podría implementarse esa asignación eficiente mediante el mecanismo de mercado. En otras palabras, habría unos precios que, si dejas a las personas intercambiar entre sí dada esa nueva asignación inicial de riqueza, se logra como resultado el óptimo tenido como objetivo.

El tema crucial aquí es que, como se ve, hay infinitas asignaciones Pareto-eficientes: una para cada distribución inicial de la riqueza. En la práctica, este teorema contempla que si hay una revolución política que, por ejemplo, iguala toda la riqueza inicial por ciudadanos en la sociedad, y se deja trabajar al mercado luego de eso, entonces a lo que se llega es completamente eficiente, inmejorable, si el mercado realmente funciona. Este fundamento teórico es el que se ha usado para justificar las reformas agrarias en muchos países en que la distribución de la riqueza es muy desigual, en particular en el campo.

Se nota con esto claramente que la política determina el resultado de la interacción económica. Y permite despejar la falacia de cierta ideología que postula como incuestionable políticamente la riqueza inicial de cada persona. No se discute de dónde viene ni cuál es su destino. Y permite ver las implicaciones de dar derecho a voto a personas con muy poca riqueza inicial, pues pueden votar por un candidato que proponga esa revolución redistributiva, con consecuencias negativas para quienes están mejor dotados en esa materia. Y se comprende porqué se ha argumentado históricamente, desde las personas y clases más ricas, que no conviene, por presuntas razones de que no saben qué les conviene o qué conviene al país, dar derecho a voto a los más pobres, a los esclavos, a los negros, a los indígenas, o a las mujeres.

El Estado puro: el estalinismo y sus fallas

Pero si el estado es tan necesario, ¿no podría pensarse en que solo él asuma las funciones de producción y distribución de todos los bienes y servicios, y dejar el mercado, que tiene tantas fallas, de lado? Aunque muchos lo ignoran, esta propuesta tiene también su fundamento en un teorema matemático, el “teorema del planificador central benévolo”. La demostración es en realidad sencilla, y tiene que ver con la postulación y formulación de una “función de bienestar social”, con unas restricciones de recursos físicos, humanos, y de tecnología productiva. Esa función puede ser, por ejemplo, la suma de las preferencias de los individuos en el teorema de la mano invisible. El teorema dice que en estas circunstancias, hay un plan que se deriva de la solución de este problema matemático (maximizar una función objetivo dadas unas restricciones), que conduce a la sociedad a una asignación Pareto-óptima, de máxima eficiencia posible. Cada individuo en la sociedad tiene entonces que cumplir la función que le asigna el plan. Tanto para trabajar, como para consumir los bienes y servicios que se derivan del proceso productivo y distributivo prescrito en el plan. Nótese que se hace uso óptimo de los recursos disponibles. Por ejemplo, si una persona es buena dando clases en cierto lenguaje indígena, y disfruta del campo, será asignada por el plan a formar niños indígenas en Tucupita, aunque antes del plan viviera en Tucupido.

Las fallas del modelo tienen que ver también con las fallas del teorema, que son por lo menos dos. Uno, que el plan es imposible de realizar, contrariamente a lo que supone el teorema. Para ser posible, tendría que tomar en cuenta las preferencias de todos y cada uno de los pobladores, y tendría que tomar en cuenta absolutamente todos los recursos físicos y humanos disponibles, y la tecnología. Y esto para todos los períodos futuros con sus estados inciertos, pues lo que pasa antes, determina lo que pasa después: es un plan dinámico y contingente. El planificador, que es central, tendría que ser omnisciente para saber todo esto relacionado con los recursos disponibles y las preferencias de todos los ciudadanos. Pero no solo en el conocimiento de lo descrito, sino también en su capacidad para calcular; para realizar la operación matemática que implica el proceso de maximización sujeta a restricciones, de tan altísima complejidad. Está claro que no es posible hacerlo hoy ni nunca: jamás podrá disponerse de esa información, por un lado, y jamás existirán las computadoras que podrán hacer un cálculo de esta envergadura, incluso si la información estuviera disponible. En otras palabras, el hombre jamás será, ni omnisciente (para saber lo referido) omnipotente (para poder hacer el cálculo respectivo que resulta en el plan). En resumen, jamás será Dios.

Por si fuera poco, aún si tal plan existiera, está el segundo supuesto irreal: que cada persona realizará la parte que le corresponde para llevarlo a cabo, como el teorema supone. Y recalco que, para que se cumpla el plan, cada persona tendría que hacerlo en todas las épocas presentes y futuras. El problema aquí es que los objetivos de cada persona no están alineados con el de la sociedad como un todo, a pesar que que sus preferencias han sido tomados en cuenta de manera benévola en el plan general. Por ejemplo, un gerente de producción en una fábrica estatal de cemento puede decidir construir su propia casa de verano, fuera del plan, y usar parte del cemento de su fábrica para eso. A pesar de que el plan habría previsto la construcción de su propia casa de vivienda, y un plan vacacional para él y su familia. El plan maximizador de la persona, que toma en cuenta sus preferencias y sus recursos disponibles, prescriben un monto de trabajo y un monto de consumo, en general, al que prescribe el plan. Es un plan individual benévolo, pero consigo mismo, no con el resto de la sociedad, por la que no siente ni amor, ni ogligación alguna. Y cuando puede "disponer" de los recursos de la empresa para sí mismo, lo hace, sin tener en cuenta el hecho de que eso trastoca el plan social del planificador central.

Por esa razón, la corrupción, tanto en falta de esfuerzo, como en desvío de productos, es característica de la puesta en práctica de este tipo de modelo: trabajan menos, y consumen más si pueden lograr hacerse de recursos que pertenecen al estado. De ahí la necesidad de mecanismos de control, con control sucesivo de los controladores, con frecuencia secretos, como la KGB en la Unión Soviética. Por eso no funcionan los CLAP (que ni siquiera tiene un “buen” plan, como en el caso soviético): la gente implicada se tiende a robar las bolsas, y los controladores (con frecuencia militares) se llevan la mejor parte en este desvío del plan. Por eso el estalinismo nunca funcionó en ningún lado y nunca funcionará, mucho menos en Venezuela, donde fue implementado con errores adicionales que no detallaremos aquí (como falta en realidad de plan, aunque fuera muy imperfecto; parcialidad; clientelismo; grandes estímulos al arbitraje cambiario; captura de los buscadores de renta petrolera, entre ellos por el estamento militar y sus líderes corruptos, etc).

Hay una tercera falla del mecanismo puro del estado: el planificador central tiene en realidad infinitas maneras de ser benévolo. Una de ellas es que tiene cero benevolencia con los demás ciudadanos, y toda la benevolencia para sí mismo (o para un grupo que lo rodea, sus partidarios, por ejemplo). Trataría a los demás solo como recursos productivos, como esclavos, para poder obtener los bienes y servicios que van a beneficiar a los privilegiados. Otra manera de ser benévolo es la igualitaria: todos los ciudadanos tienen la misma ponderación en la función de bienestar social. Y así sucesivamente.

Es claro que si hay un mecanismo de decisión colectiva que sea democrático, este tema de distintas funciones de bienestar podría ser resuelto, en principio, y se daría el mismo resultado que el del teorema del votante mediano: tendería a producir una igualación de la ponderación de las preferencias de cada quien en la función de bienestar pública. Pero si no hay democracia en un régimen como este, tal cual ha sido en realidad usual en este tipo de régimen, que ha tratado de ser impuesto aún con sus grandes imperfecciones comentadas arriba, entonces tenemos que se forma una especie de casta privilegiada, una “nomenclatura” política que disfruta de más privilegios en la función de bienestar social de tal sociedad. En todo caso, las dos primeras fallas son insalvables, como lo ha mostrado la práctica de los “comunismos realmente existentes”, empeorados por la tercera falla en presencia de falta de democracia real, más allá de lo nominal en algunos casos.

Ha habido algunas iniciativas, de hecho, de solventar esta tercera falla con intentos de introducir democracia en el sistema, como en el caso de Cuba, en que ha habido votación en relación a los representantes locales, que se constituyen en congresos de niveles progresivos más altos, que son los órganos de estado (legislativos, por ejemplo, y nombran los órganos ejecutivos). Es como un intento de que los “soviets” sean democráticos, y que el sistema de soviets hacia arriba también lo sea. Pero aún si este tema fuera resuelto (y sabemos que no lo ha sido, pues sabemos de las corruptelas relacionadas con la existencia de una nomenclatura del alto nivel que tiene muchos beneficios, contra el resto de la población, que pasa muchas penurias) permanecen las dos primeras fallas, que son insalvables, de nuevo.

La vía solidaria 1: tercera vía mas justicia social

Como a estas alturas estará claro, la ideología política que usa el teorema del estado puro como sustento económico es el estalinismo, claro, así como la ideología política del mercado puro es unas formas extremas de neoliberalismo. Ahora, en su forma mixta, así como vimos que el estado disminuye las fallas del mercado, este también disminuye las del primero: si el mercado está en vigor, la sociedad no necesita que el estado, como herramienta, sea "planificador central benévolo", que decida todo por los ciudadanos con su todo-abarcante plan, pues cada quien hace el suyo propio, que se agrega en un plan social implícito por la vía de la coordinación que hace el sistema de precios. El estado no necesita ser omnisciente para actuar, y se corrige esa falla.

Además, como el mercado funciona a pesar de no ser perfecto y se genera un sistema de precios, cada quien se guía por ellos en sus decisiones de producción y consumo, y genera y realiza su parte de ese “plan social” voluntariamente, pues el plan propio, sujeto a las restricciones que cada quien tiene (su presupuesto, limitado por los precios y por su riqueza inicial) lo ha hecho en libertad, y por tanto refleja la voluntad propia, y real (pues a veces el discurso difiere de lo que la gente realmente quiere). Por lo tanto, se corrige la falla de la falta de coherencia entre el plan social y el plan individual: el plan social es, implíticamente, la agregación, mediante el sistema de precios del mercado, de los planes personales.

Esto describe lo habíamos dicho, pues la tercera vía, que es una combinación de los dos mecanismos, es útil porque aprovecha las cosas buenas de cada uno de estos dos mecanismos, y a la vez permite la corrección mutua de los errores del mecanismo económico que en la práctica deviene en complementario, en función del máximo interés social, potenciando la libertad y la iniciativa personal, permitiendo el despliegue máximo posible de las potencialidades productivas y de la satisfacción de las preferencias de cada quien.

Pero habíamos dicho que la formulación de la tercera vía no incluye el asunto de la corrección por parte del estado de la falla política. Esta corrección podemos considerarla parte de la vía solidaria, de la cual es necesario hablar un poco más. Empezaremos diciendo que Robert Lucas, y Andrew Atkenson, dos economistas pro-mercado, probaron que el mecanismo de mercado puede en principio implicar la evolución hacia una distribución del ingreso muy desigual. Por ejemplo, si hay un agente con información privilegiada inicial, a pesar de que los demás tengan las mismas preferencias por el ocio, la misma habilidad, y la misma riqueza inicial, los privilegiados iniciales en materia de información diferencial terminan siendo sumamente ricos, y los demás sumamente pobres. O sea que los pobres no lo son porque son vagos (ya que todos valoran el ocio de la misma manera, al tener las mismas preferencias), porque son brutos (pues todos tienen la misma habilidad y capacidad), o porque empezaron pobres (porque todos parten de la misma riqueza).

Robert Lucas, por cierto, no puede ser acusado de izquierdista, como muchos sabrán, ya que es tenido hoy por hoy como el adalid principal del neoliberalismo por muchos. Lo cierto es que en economía hay un asunto de justicia que puede producir conflictos políticos muy grandes con fuertes implicaciones en disminución de la eficiencia si no son resueltos satisfactoriamente por la sociedad. El punto es que hay desigualdades, no atribuibles al mérito (el esfuerzo cualificado), que el mecanismo de mercado no puede resolver por sí mismo, y generan, naturalmente, grandes conflictos políticos. La vía política es la que puede solucionar estos problemas, que son de justicia, o justicia social, como bien pueden llamarse. El estado debe entonces jugar un papel aquí. En particular el mecanismo democrático, para dirimir esos conflictos, y complementar por esa vía al mercado para corregir su falla fundamental, como la hemos llamado.

De este tema de justicia ha hablado con mucha profundidad el filósofo liberal John Rawls, quien inició toda una literatura especializada que ha desembocado en políticas públicas que prescriben, en todo el mundo, la necesidad de igualar las oportunidades para todos los participantes en el proceso económico de la sociedad. Es claro, por lo dicho en materia teórica, y por la historia de los procesos político-sociales, que hay un asunto aquí de contraste entre el esfuerzo individual, y el de las circunstancias (como la información diferencial, en el ejemplo de Lucas y Atkenson) en la determinación del destino socio-económico de cada quien. La izquierda, que por definición y por origen, tiende a beneficiar a quien está peor en la sociedad, ha privilegiado a las circunstancias como el determinante. La derecha, mientras tanto, que tiende a favorecer a quien está mejor, ha favorecido al esfuerzo individual. El punto de vista subjetivo, pues, en materia normativa, puede llevar a un impase insalvable, y violento, como ha mostrado muchas veces la historia, en particular la presente en latinoamérica, para una sociedad dada. Afortunadamente, el economista y filósofo John Roemer demostró que si hay un acuerdo sobre cuáles son las circunstancias relevantes (acceso a la educación, la salud, la información, el origen social, de clase, racial, etnográfico, de género, etc), hay una fórmula matemática que te dice exactamente cuál es la transferencia que debe hacerse desde los más favorecidos, a los menos favorecidos (por medio de un impuesto progresivo, por ejemplo), para que el esfuerzo sea el que dicte la riqueza de cada quien. Notemos que algunas personas pueden preferir trabajar menos, y no por eso tienen un bienestar menor, pues la riqueza material no dicta el bienestar final, sino que es solo uno de sus componentes.

Aunque el acuerdo puede ser problemático en la práctica, es obvio que con una decisión social por la vía democrática, en una suerte de gran pacto social, esta disyuntiva puede resolverse, solucionando, o aminorando, el conflicto político subyacente. Es lo que más o menos hemos visto en el desarrollo de la historia, con más o menos aceleración dependiendo de los lugares y los determinantes específicos en el contexto en que se mueven las sociedades: los menos favorecidos por las circunstancias pugnan por más democracia (y los más favorecidos pugnan con frecuencia por menos democracia, como vimos para el caso de negación del voto a las mujeres, los pobres, los indígenas y negros, etc). Pactos políticos de varios factores claves de los liderazgos nacionales entre trabajadores, empresarios, partidos políticos relevantes, y el gobierno, pueden liderar en el corto plazo, para generar gobernabilidad y viabilidad, grandes pactos sociales más estables en el tiempo, en que participe toda la sociedad.

La democracia es, pues, desde este punto de vista, la clave para dirimir los conflictos sociales generados por contradicciones extra-económicas que determinan el destino económico y social de las personas y las sociedades. Un ejemplo interesante de lo dicho hasta ahora son los países escandinavos, donde la redistribución de ingreso es muy elevada, llegando la tributación a veces hasta un 60% del PIB, mientras en Venezuela la recaudación no petrolera es de 14%, y en Chile y Perú al rededor de 23%. Los otros mecanismos minimización de fallas del mercado de aplican en esos países del norte de Europa, y el mecanismo de mercado funciona, con libertad para que cada quien tome sus decisiones de trabajo e inversión, todo lo cual resulta en un desempeño económico y social de los más altos el mundo. La redistribución no se hace por la vía de quitarle riqueza a unos y dárselas directamente a otros (solo se usa esto por una tributación sumamente progresiva), sino a través de la igualación de oportunidades: acceso a la educación y salud gratuitas, créditos a emprendedores situación económica desventajosa, etc.

La vía solidaria más allá de las fronteras nacionales: necesidad imperiosa de una república a nivel mundial

Por lo dicho está claro que si consideramos al mundo mismo como una sociedad que necesita un modelo, el mercado solo no puede ser eficiente. Se necesita un estado regulador a ese nivel para controlar todas las fallas descritas, incluyendo la falla principal: la política. Entre esas fallas que hay que corregir está el control de la contaminación ambiental, que es una externalidad negativa que está a punto de ponernos en peligro como especie; las crisis financieras, que vienen de la falla de mercados de capitales, y la creación de dinero privado por los bancos, que tienen incentivos a prestarse a sí mismos generando las grandes crisis financieras mundiales; el de la defensa común, sin la cual se dan las ineficiencias sustanciales de los grandes gastos militares entre países y grupos que buscan la supremacía política no democrática; y todas las demás fallas mencionadas.

Por supuesto, mención especial merece la falla política: el tema de la falta de justicia social a nivel mundial, con las graves desigualdades entre países, no compensadas adecuadamente por la falta de un mecanismo democrático a ese nivel. La instauración de un estado fuerte a nivel mundial es de vida o muerte para la sociedad del mundo, como vemos, pues en su ausencia, han proliferado las guerras, la destrucción del ambiente, las desigualdades injustas, el hambre y las enfermedades prevenibles, y la ineficiencia en materia de seguridad social y ciudadana. Es de hacer notar que la falla política solo puede solucionarse por transferencias sin contrapartida de los países ricos a los pobres. O, si se diluyen las fronteras nacionales, como está ocurriendo en la práctica en muchos sentidos (tránsito y migraciones de capitales y de mano de obra), transferencias de los más ricos a los más pobres, por la vía de imposición fiscal, y por igualación de oportunidades para compensar las injusticias sociales, no debidas, de nuevo, al mérito, sino a las circunstancias. Los perdones de deudas basados en este tipo de consideraciones de justicia y de igualdad de oportunidades a nivel mundial, son un fuerte fundamento ético (que dicta las acciones buenas, que conducen a soluciones), económico y social. Pues normalmente se aplican solo cuando hay temas de insostenibilidad, impagabilidad. Que no ven el problema en su justa dimensión.

La vía solidaria 2: el comunismo utópico

Hay un tercer mecanismo puro que en principio puede resolver los problemas económicos, políticos y sociales de la sociedad: el amor verdadero. Sería parecido al del planificador central benévolo. Pero descentralizado. El supuesto es que cada persona ama a las demás en un grado específico que implica armonía económica. Por ejemplo, cada quien ama a los demás como se ama a sí mismo. Es claro que cada miembro de la sociedad haría el mismo plan, pues la función de bienestar, que incluye el hecho de que cada quien tiene preferencias y habilidades diferentes y personalizadas, sería la misma para todos. El teorema se sigue: la asignación resultante es Pareto-eficiente.

En este caso no habría la falla de implementación: cada quien quiere para los demás, lo que ellos quieren para sí mismos. Y viceversa: cada quien quiere para sí mismo lo que los demás quieren para él o ella, tanto en esfuerzo, como en disfrute. Por ejemplo, el gerente de la fábrica de cemento está contento con sus casa, y sus planes vacacionales, porque si se roba cemento, sabe que eso va a afectar negativamente a los demás, pues no habrá cemento suficiente para sus respectivas casas, y eso lo pone tan triste como si el robo se lo hicieran a él (ya que a ama a los demás como se ama a sí mismo). Así que no habría necesidad de controladores. Ni de policías, ni de jueces, abogados. Es el mundo del “hombre nuevo”, en que hay armonía completa entre altruistas, y ausencia de conflictos políticos o sociales, como los de celos, envidias, odios, etc. Nada de robos, y mucho menos asesinatos.

Notemos que no se necesita mercado, pues cada quien trabaja voluntariamente (en lo que disfruta más, por cierto, y en lo que es más hábil). Tampoco estado, pues no es necesario tomar decisiones desde arriba, impulsarlos desde arriba, controlarlos, imponerlos cuando hay desvíos, etc. No se requieren impuestos, ni para policías, no para escuelas ni hospitales, no construcción estatal de vías públicas, pues la propia gente se organiza, de acuerdo al plan, que es de todos, para ser maestros, doctores, constructores de vias, de acuerdo a su habilidad y sus preferencias. Nadie contamina, pues eso afecta negativamente a los demás, y eso no lo quieren hacer. Los bebés tienen su atención, lo mismo que los adultos mayores, etc. Se trata del mundo ideal, en que cada quien hace lo que quiere: es el mundo de libertad y realización total, limitada solo por las restricciones de recursos sociales.

Como vemos, se trata de una sociedad que tiene poco basamento real para todos los ciudadanos. El nombre de utópico le queda bien, pues los supuestos fallan, como los otros mecanismos. Este sistema coincide con la teoría del anarquismo, como vemos. Pero anarquismo solidario, no egoísta (que genera lógicamente conflictos) ya que cada quien hace lo que quiere, pero el hacerlo beneficia a todos, además de a sí mismo. Los comunistas clásicos sabían que esto no era realista, y propusieron alcanzarlo, o a través del control del estado, o a través de la acción social en células cada vez más extendidas. Los primeros se llamaron a sí mismos comunistas, y cayeron en el estalinismo,como hemos visto. Los segundos han tenido un éxito parcial, y promisorio en cierto sentido, como veremos.

Sus fallas y su vigencia

Pero la falla clara es que se necesita la omnisciencia y la omnipotencia de Dios en por lo menos uno (para hacer el plan, que los otros lo siguen, sabiendo que es el adecuado), y un grado de amor bastante grande en cada quien para que esto funcione. También falla cuando el grado de amor es positivo, pero no lo suficiente, por ejemplo cuando hay egoísmo craso (el bienestar de los demás no le importa en lo más mínimo, sino solo el propio).

Aquí no nos extenderemos en todo, pero esa falla podría disminuirse si en vez de tenerse un plan global, se tiene uno local, y el teorema se aplica a esa sociedad reducida. De hecho, una familia, o un monasterio armónicos funcionan hacia su interior como sociedades comunistas utópicas. Rige el principio “de cada quien según su capacidad; a cada quien según su necesidad”. Un bebé recibe lo que quiere, la leche materna, cuando la pide. La da la madre, que tiene la capacidad respectiva. La abuela es llevada al médico cuando se enferma. Se encarga el nieto de veinticinco años, que puede hacerlo. La adolescente recibe los pantalones de blue jean que pide, y se los compra la madre. Etc etc. No hay mercado, pues nadie cobra por los servicios o transferencias que hace a los demás. No hay estado, porque no hay un padre dictador que obliga a los niños a estudiar, ya que ellos lo hacen voluntariamente. No hay un problema con la propiedad de la sociedad, que es común.

Si hay egoísmo, o no hay el amor suficiente, sí que habrá conflictos, claro. El amor es un ingrediente esencial, sin el cual falla la eficiencia en la asignación de tareas y disfrutes, como vemos, además del conflicto político que se genera. Y esto requiere una suerte de estado a ese nivel: reglas respectivas en la repartición de tareas y de disfrutes de lo producido. Y un gobierno familiar que lo implemente: por eso hay priores en los monasterios, y se requiere acatamiento a la regla y obediencia al prior y a la regla para que la cosa fluya.

De hecho, este modelo ha estado tomando espacios en la economía, por sus ventajas. Por ejemplo en las empresas más productivas hoy por hoy, donde se da la alineación de intereses entre trabajadores y la empresa, y la planificación y gerencia participativas. Aunque hay muchas formas y grados en que esa alineación se da, la organización cooperativa es el paradigma. La alineación elimina la alienación entre trabajo y capital, y se elimina la lucha de clases al interior de las unidades productivas. Lo mismo en las comunidades políticas locales, donde se elimina la contradicción entre el representante y los gobernados, que asumen como suya la res pública comunitaria. Tiene ventajas que en otra ocasión detallaremos, entre ellas las condiciones para la formación endógena del altruismo entre los miembros, y de ahí un grado superior al éxito descrito, tanto en el mercado, en el primer caso, como en la gestión de auto-gobierno, como en el segundo.

La progresiva baja en el costo de comunicación, y su generalización, ha permitido una suerte de extensión espacial-cibernética de las comunidades humanas. De manera que sería adecuado pensar en la comunidad mundial, en cuyo ámbito pueden desarrollarse relaciones de tipo altruista para complementar las fallas del estado y el mercado. De hecho, un ámbito muy importante en que se ha estado generalizando la combinación del mercado con el modelo altruista es en la producción y distribución solidaria de conocimiento, un bien público (que no produce bien ni el mercado, ni el estado, realmente). El componente de mercado tiene que ver con las "señales costosas" que los hackers dan a los potenciales empleadores al ser capaces de producir programas de muy alta calidad, que un programador no cualificado no es capaz de producir normalmente. Se trata de "equilibrios separadores" que les permiten diferenciarse y ser exitosos en su carrera, no como vendedores de invenciones, sino como desarrolladores y aplicadores a problemas específicos de las empresas de los potenciales empleadores. Como ejemplos tenemos el fenómeno del software libre, la información libre (redes sociales entre ellas, por la Internet y redes conexas), la ciencia y la tecnologías libres (como en la farmacología genérica). El secreto es que un bien público por naturaleza, como el conocimiento, puede ser usado por todos con solo un esfuerzo productivo. Mientras una guayaba, un bien privado, se acaba cuando alguien la consume. En este nuevo modelo, cada quien hace un solo esfuerzo productivo, y a cambio recibe millones de ellos, de manera mucho más eficiente que tener que hacer millones de esfuerzos para recibir millones de bienes privados. Si el conocimiento representa el valor de un 97% de cada bien, podemos tener una idea de lo que va a pasar en el futuro con este modo de producción como complemento, y hasta sustituto, de los mecanismos del estado y el mercado.

Socialismo e izquierda, capitalismo y derecha

Hemos dicho que la izquierda tiende a beneficiar a quien está peor en la sociedad. En la práctica, los "izquierdistas" con demasiada frecuencia favorecen al que está mejor (ellos mismos y su gente), y usan la presunta ideología para utilizar engañosamente a los ciudadanos pobres y de clase media de manera populista. Y los de derecha muchas veces favorecen a los que están peor, pues el mecanismo de mercado impide la captura del poder por los poderosos, como veremos en la propuesta para Venezuela. Los conceptos de izquierda e izquierda vienen de su origen histórico, pero también del uso que se hace en la literatura sobre justicia distributiva (Rawls, Roemer, etc). John Rawls, por ejemplo, postulaba que la función de bienestar social justa debería tener como objetivo la optimización del bienestar de quien está peor. Obviamente un desiderátum de izquierda, que tendería, en la práctica, a igualar el bienestar de todos en la sociedad, a través de la igualación de las oportunidades conseguidas mediante transferencias de riqueza. El detalle es que esta transferencia sería administrada por un estado, ente ejecutor de los deseos de dicha sociedad. De hecho, siempre que la sociedad se instituya como entidad, más allá de la teoría, y se traduzca en acciones que afectan la convivencia de los componentes individuales de esa sociedad, habría que hablar de socialismo, en sentido estricto. Pero en la práctica el concepto se ha prostituido por la práctica de los excesos en la dirección estalinista, con exceso del componente del estado sobre los otros dos mecanismos.

Es claro que si en una sociedad existen pocos poderosos, y muchos con poco poder, estos últimos van a tender a usar su número para contrarrestara el poder de los poderosos. En ese sentido, les conviene, en principio, un estado, y por tanto una acción de la sociedad como un todo: les conviene el "socialismo", digamos, ejercido por ese estado, que garantiza la tendencia a igualación de poderes, por ejemplo en lo electoral. Un ejemplo es el caso de una familia que no es armónica en la convivencia de dos hermanos, uno mayor, y uno mejor. Si el mayor quiere imponer su hegemonía al menor por la vía del poder físico, la madre normalmente interviene para garantizar la igualdad de los hermanos protegiendo al menor, el más vulnerable. Es claro que este estado familiar es "socialista", y de izquierda, en el sentido de que garantiza el bienestar de quien está peor. Pero si existen mecanismos solidarios para lograr la "justicia social" (minimización de conflictos por temas distributivos), el estado hipertrofiado no es necesario, ni conveniente, como se sabe por la práctica.

Por su parte, hemos dicho que la derecha tiende, en principio y por el origen del término, a privilegiar a los que están mejor. Y al esfuerzo individual como justificación del destino de las personas, en vez de tomar en cuenta las circunstancias de ese destino. De hecho, los adalides del mercado como único mecanismo tienden a ser de derecha, por esa misma razón, que por supuesto justifica el status quo de desigualdad recurriendo a ese tipo de justificación ética. Si las circunstancias fueran determinantes en ese destino, es claro, según dijimos de la teoría de Lucas y Atkenson, que si las mismas no hubieran sido favorables a quienes son en este momento poderosos en lo económico, esas mismas personas serían pobres, aún habiendo hecho un esfuerzo relativamente comparable. Y en esas circunstancias, estarían impulsando la visión contraria, de izquierda. En todo caso, así como los izquierdistas tienden a favorecer el llamado “socialismo”, por lo dicho, los derechistas tienden a ofrecer el llamado “capitalismo”, que sería la ideología que defiende el mecanismo del mercado, como opuesto al del estado, como el mecanismo deseado para asignar recursos, y determinar el destino de las personas. También es claro que el capitalismo defendería que el estado existiera, pero en su tamaño mínimo, parar resolver solo la falla de mercado que tiene que ver con la asignación, y defensa, de derechos sobre las asignaciones iniciales de riqueza en la sociedad. Los derechos de propiedad. No abundaremos aquí en las muchas acepciones de los términos socialismo y capitalismo, y solo dejamos esta introducción, motivada por nuestros razonamientos hasta ahora.

Pero diremos que por lo dicho arriba, está claro que el capitalismo, con un mínimo de estado, puede ser muy injusto, y permitir que muchos trabajadores sean explotados en sus lugares de trabajo, por las desventajas del entorno en que se han desenvuelto. Y está claro que esas personas explotadas se van a tender a organizar políticamente, en sindicatos, y en asociaciones de sindicatos y hasta en partidos políticos a nivel de toda la sociedad de un estado nación, o del mundo entero, para promover una acción social, y por tanto “socialista”, para impulsar cambios redistributivos que cambien esa situación en sus respectivos ámbitos de acción. De ahí han surgido la doctrina marxista, y los movimientos políticos que han concebido la historia como la expresión de las luchas entre las “clases” respectivas que se derivan de nuestra sencilla descripción. El socialismo, en general, pues, sería, en cualquiera de sus formas no analizadas aquí con detalle, el medio y la concreción de ese objetivo, de un estado que tiende a representar los intereses de los menos favorecidos en la sociedad que se organizan con ese fin. El capitalismo, como opuesto, sería el objetivo de un estado que tiende a representar los intereses de los más favorecidos en una sociedad que se rige por el mercado como asignador de recursos, y que tiende a minimizar el rol del estado en sus funciones redistributivas.

Por la historia, está claro que los llamados comunismos realmente existentes, que se han auto-denominado “socialismos”, han abusado de su rol de defender a los más vulnerables, y se han convertido en entidades que defienden a los más poderosos política y económicamente, empobreciendo con frecuencia a toda la sociedad aunque tengan el objetivo declarado de proteger a los débiles, usando eso como una careta para sus fechorías que son realmente de derecha, usando la definición original. Nosotros propondremos que la versión peyorativa de socialismo se atribuya al estalinismo, y todas sus formas. Y al capitalismo nos referimos a la forma peyorativa del imperio del mercado sin contrapesos de justicia social. Mercado no es lo mismo que capitalismo, por supuesto, pues el primero significa solo intercambio, que puede ser entre iguales. Y el último puede implicar explotación en sentido negativo, tanto de los trabajadores, como de la naturaleza, que sabemos que no es solo injusto, sino insostenible.

Es bueno hacer notar que el advenimiento de mecanismos de mercado puede mejorar a los que están peor. Por lo tanto, sería de izquierda, en su acepción original. Por otro lado, el fortalecimiento del estado como mecanismo desbalanceado por sobre los otros dos, sería de derecha, al beneficiar a los que están mejor. En Venezuela, por ejemplo, el régimen de control cambiario ha servido para que grandes corruptos del gobierno, del empresariado y de parte de la oposición política, extraigan la renta petrolera por esa vía. Beneficiando al cartel de mafias caza-renta, y perjudicando al resto de los venezolanos. Un régimen cambiario de mercado beneficiaría a las grandes mayorías, y perjudicaría a estos corruptos que están muy bien. Por lo que el estado en este caso es de derecha, y el mercado de izquierda.

Sobre este tema del caza-rentismo, es obligado decir algo para Venezuela y los países que padecen esta enfermedad, en la combinacicón virtuosa entre estado y mercado, tocando sus aspectos de economía política. En un país "normal" habría un conflicto ideológico entre "derecha" e "izquierda" por lo dicho. Sin embargo, en un país como Venezuela, en que la enfermedad del rentismo está muy acendrada desde el advenimiento del petróleo, básicamente (con sus efectos de democracia débil, centralismo territorial e institucional, militarismo, corrupción endémica, populismo rentista, etc), pero que ha sido agravada con el advenimiento del boom petrolero y la gestión de Hugo Chávez desde el 2003, bajo la égida cubana, y continuada por el régimen de Nicolás Maduro, la contradicción entre izquierda y derecha pierde sentido. La razón es que el cartel de mafias caza-renta que se forma en países con esta enfermedad captura al gobierno y al estado. Y también a parte importante de la oposición política, además de instituciones privadas como medios, etc. La contradicción pasa a ser entre caza-renta, y el resto de los pobladores. Independientemente de su ideología política y de su posición en la escala social y las unidades productivas. Reformas institucionales que cambien el juego son las que cambian el comportamiento de los jugadores, y curan la enfermedad, como el fondo petrolero tipo Noruega (que administra centralmente la propiedad sobre la renta de cada ciudadano), y la solución tipo Alaska (que transfiere la renta a cada ciudadano). El cambio de cultura viene con el tiempo, y la sociedad vuelve a sus contradicciones de un país normal, como hemos descrito, con sus izquierdas y derechas, con sus sesgos pro-estado o pro-mercado, socialismo y capitalismo. Y la democracia, dependiendo de su fortaleza en el país concreto, permite balancear los sesgos históricos, en un proceso de retroalimentación entre cultura y estructura (entre jugadores y juego, que incluye lo internacional de manera crucial). Es claro que en Venezuela, el fortalecimiento del mecanismo democrático es lo que permitiría corregir la enfermedad. En un proceso de transición que requiere mucha fuerza fáctica de quienes representan al resto de los pobladores, no relacionados con el cartel de mafias caza-renta.

La vía solidaria 3: combinación de los tres modelos puros

Regresando al teorema del comunismo utópico, por perfecta que sea la convivencia a al interior de una familia, convento, cooperativa, comunidad de software libre, etc, si la relación no se extiende a toda la sociedad, el modelo de comunismo utópico no es eficiente considerado en sí mismo. Y es claro que convive con los otros mecanismos a nivel más global: con el mercado y el estado. Además, se puede demostrar algo que es obvio: los complementa, para subsanar sus fallas, incluso cuando mercado y estado corrigen, en parte, sus propias fallas. La idea es que las fallas no son subsasnadas por completo, y el mecanismo altruista incrementa el grado de corrección obtenido por ellos.

Así, resumimos que la vía solidaria es una combinación virtuosa de estado, mercado y amor verdadero. Los ejemplos descritos del mecanismo del altruismo, pues, hay que verlos como complementos, y no sustitutos de los dos primeros. Por ejemplo, como hay mercados financieros incompletos, que no aseguran cabalmente contra el riesgo, las redes familiares y de amigos permiten ayudar a quien está coyunturalmente mal a partir de transferencias de quien está bien en el momento, pero que va a ser bien tratado como contrapartida (aunque no expresa en un contrato, sino por amor verdadero) si la incertidumbre o el ciclo de vida lo perjudica en otras circunstancias.

El estado con frecuencia no completa cabalmente las fallas del mercado, por lo que los mecanismos solidarios surgen espontáneamente para cubrir los huecos remanentes. Un ejemplo en este sentido viene de la producción solidaria de ciertos bienes públicos, como la educación, la salud y la nutrición. Realizados con frecuencia por organizaciones religiosas, como en el caso emblemático de Fe y Alegría en Venezuela y algunos países de América Latina a donde se ha extendido, en que se provee de educación, alimentación, salud, información, principalmente a poblaciones pobres y excluidas. A un costo muy bajo, y con subsidios en la prestación del servicio por parte de los sacerdotes, monjas, basados con frecuencia en donaciones privadas y de comunidades eclesiales de más alto ingreso.

Sabemos que en estos ámbitos, tanto el mercado, como el estado, fallan, aún combinados, para garantizar condiciones justas y apropiadas a este tipo de población. Y el hueco es llenado, por lo menos en parte, por personas y organizaciones solidarias que no obedecen a las dinámicas ni del mercado, ni del estado, sino que son independientes, y complementarias, de nuevo, en las que el motivo del altruismo juega un papel fundamental. Nótese que solucionan también un problema político con la disminución de la conflictividad social, que permite un mejor desempeño económico de la sociedad como un todo, no solo de las personas beneficiadas. Y así muchas ONG, que funcionan a partir de aportes voluntarios para mejorar la democracia, la defensa de derechos humanos, las necesidades de alimentación, salud, recreación, etc, servicios todos que no son óptimamente provistos por los dos mecanismos tradicionales del mercado y el estado, en particular a nivel del mundo como tal, donde no hay estado, básicamente, y el mercado funciona muy deficientemente, por lo cual las organizaciones solidarias independientes, como las ecológicas, de derechos humanos, informacionales, de conocimiento (como Wikipedia) y de software libre (Linux, Debian, Android), han proliferado para cubrir el gran hueco presente.

La concreción específica de la vía solidaria, que no es más que la composición complementaria de los tres mecanismos mencionados depende de las circunstancias histórico concretas, y lo político, la democracia, juega un rol fundamental en todo esto.

Comentarios finales y conclusión

La vía solidaria, como hemos visto, otorga un rol balanceado entre mercado, al estado y al altruismo. Valora el mecanismo de mercado porque permite el intercambio de bienes, servicios, por voluntad propia, con libertad de acción en trabajo, producción y utilización de lo producido, lo cual permite que se exprese la creatividad de cada individuo y unidad productiva privada. Pero no por eso puede ser calificada de capitalista, por sus connotaciones negativas de explotación de los trabajadores, de la naturaleza, y por el resto de las ineficiencias que vienen de las falla de mercado que hemos listado y descrito brevemente. Pero también valora, por esto, el mecanismo del estado, con su entramado de leyes, instituciones y políticas, en su función de garantía de la igualdad de oportunidades. Pero no por eso puede catalogarse de socialismo, con sus connotaciones negativas de estatismo, ineficiencia productiva, freno a la libertad, corrupción sistemática, populismo, estatismo. Por último, se valora el mecanismo del amor verdadero, altruismo, filantropía, porque mejora notablemente la eficiencia productiva y facilita un aumento sustencial de la libertad, tanto de ataduras de mecanismo de mercado, como del estado. Pero no por eso se puede calificar de comunismo, con todas sus connotaciones negativas de estatismo, fascismo, violación de Derechos Humanos, corrupción, etc. En resumen, la vía solidaria:

  1. Protege y promueve la libertad y la creatividad individual, el intercambio usando el mecanismo de precios.
  2. Requiere y promueve el mecanismo democrático para garantizar la igualdad política de los ciudadanos en las decisiones sociales. En particular, promueve la democracia participativa a nivel general, y la democracia en las comunidades y en las unidades productivas. Por la vía de decisiones democráticas, promueve la justicia social, la igualdad de oportunidades, y el cuidado social de las personas que no pueden valerse por sí mismas.
  3. Promueve y valora en su justa dimensión las organizaciones que se rigen por el altruismo como fuerza motora de relaciones humanas a todos los niveles.

Es de hacer notar que, desde este punto de vista, prácticamente todas las sociedades occidentales modernas, incluyendo europeas y la estadounidense, tienen algo de "socialismo", "capitalismo" y "comunismo", en distintos grados, y con distintas características. Por ejemplo, en Estados Unidos actual, la existencia de escuelas públicas a nivel primario y secundario está firmemente establecida en la cultura de ese país. Son instituciones financiadas con impuestos a los ciudadanos. Una manera de garantizar la igualdad de oportunidades, con redistribución política de la rigueza, que ni Donald Tump mismo, a pesar de su discurso radical pro-mercado, ha considerado cambiar. Por otro lado, la democracia a nivel comunitario y al interior de las unidades productivas, y en las redes sociales se está imponiendo como mecanismo que mejora la eficiencia social y productiva, respectivamente. La alineación del ciudadano con su gobierno comunitario y local, y del trabajador con su empresa, que implica su participación en la toma de decisiones y en el disfrute de las ganancias respectivas, mejora la gestión administrativa y productiva, respectivamente. Y eso ha significado que los países y las empresas que incorporan estas formas de participación, ganan a otros países y empresas en desempeño, en lo político y social, por un lado, y en la competencia de mercado, por el otro. Y eso estimula a las sociedades y a las empresas a ir en esa dirección. Ya hemos hablado de las familias y monasterios armónicos, donde no hay prácticamente mercado ni estado. Y existen al interior de todos los países, básicamente, incluyendo "capitalistas", "socialistas" y "comunistas". El mecanismo de mercado, finalmente, está demás decirlo, está en todas partes, y ha facilitado a países marcadamente estatistas, empezar mejorar la eficiencia productiva, como en el ejemplo de China. Y la gente en esos países estatistas exige, más y más, democracia, en la toma social de decisiones, para salir de sus sistemas opresores y corruptos.

En general, pues, a pesar del caos reinante en el mundo, vemos fuerzas muy sólidas en desarrollo en el sentido positivo: la vía solidaria implica un proceso evolutivo hacia la abundancia, la armonía, la justicia social, y el desarrollo pleno de las fuerzas productivas, con control de los daños de la anarquía destructiva, como la relacionada con la destrucción de la naturaleza, y la pobreza, la exclusión y la desigualdad. Es un proceso que puede tomar tiempo y tiene desigualdades territoriales y funcionales en la composición de los tres modelos puros. Curiosamente, así como ha habido defensores de cada uno de los modelos puros descritos (tanto teóricos, como políticos, pues cada modelo tiene su fundamento teórico, y su ideología política), y de la combinación del mercado y del estado (la tercera vía que no incluye la justicia distributiva), la vía solidaria también tiene sus defensores teóricos, como nosotros, y sus líderes políticos. Entre los históricos están Ghandi, Martin Luther King y Mandela, entre otros.

Es interesante notar que pensadores liberales, pro-mercado, como John Rawls, Lucas y Atkenson, hayan fundamentado la necesidad de la acción social para corregir la falla fundamental del mercado: la falta de justicia distributiva. Y que hayan sido pensadores de izquierda en el sentido clásico, como John Roemer, que hayan mostrado no hay que ser tan izquierdista como el liberal John Rawls, de siempre beneficiar al que está peor sin más consideraciones, sino que hay que propiciar que el destino de una persona sea determinado no solo por la corrección de las circunstancias que lo afectan injustamente, sino también por el esfuerzo individual que hace para superarse y vivir mejor. Así que entre los defensores teóricos de la vía solidaria están liberales, izquierdistas y anarquistas, cada uno de los cuales, haciendo gala de honestidad intelectual y sensibilidad social, ponen al ciudadano como centro del interés que nos debe llevar a la combinación adecuada entre los tres mecanismos puros.

Finalmente, y en conexión con esto, hemos visto cómo los fanáticos de cada uno de los mecanismos puros pretenden imponer sobre el resto de las personas y la naturaleza su modelo de sociedad: Que sea el capitalismo lo que se imponga, o el socialismo, o el comunismo, independientemente del deseo de los demás. La vía solidaria postula que los ciudadanos estén en el centro, y que usen a los mecanismos como herramientas. No que sean usados por ellas, de manera idolátrica, como pretenden los fanáticos mencionados, obedeciendo a ciertos intereses políticos inconfesables: que sean los ciudadanos los que decidan, en ejercicio democrático, cuál es la combinación de modelos que desean. Nunca convertir el al ser humano en objeto, sino maximizar su condición de sujeto consciente, tanto en lo personal, como en lo social. De manera que mostramos, al final, lo que queríamos al principio: "Con este esfuerzo (de proponer La Vía Solidaria) queremos sentar las bases de una acción política consciente de los ciudadanos del mundo, que deben ser los dueños y protagonistas de la Política, basados en la conciencia plena de sus intereses y de sus capacidades para la acción transformadora y edificante en todo sentido, incluido el espiritual, y no objeto de manipulación mediática o de captura por factores de fuerza ajenos a sus intereses".